Permítanme
emitir y controlar el dinero de una nación y no me importará quién
escribe las leyes (Mayer
Amschel Rothschild (1744-1812), fundador de la dinastía Rothschild)
Tal
vez lo más importante a saber sobre el poder en el mundo de hoy es
que la mayoría de las naciones no tienen control sobre sus propias
monedas. Igual que la propiedad privada con fines de lucro de los
bancos centrales -como la Reserva Federal de EEUU- crean dinero de la
nada y luego se prestan a interés a sus respectivos gobiernos. Se
trata de una estafa muy rentable, pero eso no es lo peor de todo. No
sólo los bancos centrales tienen el poder de crear dinero
libremente, sino que también tienen la facultad de fijar las tasas
de interés, para decidir cuánto crédito se emite y cuánto dinero
se pone en circulación.
Con
este poder, los bancos centrales pueden -y lo hacen- orquestar los
ciclos de auge y caída, permitiendo sacar provecho de las
inversiones durante los auges y comprar activos a precios de saldo
durante las caídas, a los propietarios súper ricos de los bancos.
Pero éste no es todo el cuento.
La
más rentable de todas las actividades de los bancos centrales es la
financiación de grandes guerras, en especial las dos guerras
mundiales. Cuando las naciones se dedican a la guerra, y su propia
supervivencia está en juego, los gobiernos estiran sus recursos
hasta el límite con el propósito de prevalecer.
Es
entonces cuando la lucha por obtener más financiación se vuelve tan
importante como la competencia en el campo de batalla. Los
prestamistas “adoran” los prestatarios desesperados, y se
levantan grandes fortunas mediante la extensión de préstamos a
ambas partes en conflicto: cuanto más tiempo dura la guerra, más
ganancias llegan a los bancos centrales.
La
riqueza centralizada conduce al poder centralizado
Nuestros
sistemas políticos, que se fundamenta en partidos que compiten por
ser elegidos, son inherentemente propensos a la corrupción. Así
como la lucha por la financiación es importante en las campañas
militares, eso mismo es lo que interesa en las campañas políticas.
Los donantes ricos obtienen un trato especial, en lo que respecta a
leyes y regulaciones que afectan a sus intereses comerciales. Pero
este tipo de corrupción es sólo la punta del iceberg.
Una
forma más eficaz de que la riqueza se traduzca en poder, es la
colocación de agentes -individuos leales a los partidarios ricos- en
posiciones de influencia y de poder.
Por
ejemplo, cuando los Rothschild y los Rockefeller unieron fuerzas para
fundar la Reserva Federal, reclutaron a un profesor desconocido,
Woodrow Wilson; a quien prometieron hacerlo presidente, y cuando
llegara el momento les devolvería el favor firmando el proyecto de
ley de la Reserva Federal. Con su influencia sobre los jefes del
partido, su control de los periódicos y la financiación ilimitada,
llevaron a Wilson a la presidencia. Más tarde lamentaría ese “pacto
con el diablo”.
Un
ejemplo más moderno es Obama, quien en 2009 fue encargado por Henry
Kissinger (agente clave de los Rockefeller) para crear un “nuevo
orden mundial”. Al igual que Wilson, Obama apareció en la política
de la nada, siendo catapultado a la presidencia, demostrando hasta
ahora su lealtad con sus patrocinadores.
En
el caso de Obama, implicaba poner el Banco Central en manos de los
agentes de Wall Street Timothy Geithner y sus amigos. Ellos hacen la
política y Obama lee los discursos.
Este
tipo de cosas ha estado sucediendo durante siglos, primero en Europa
y luego en EEUU. Lo que comenzó como la colocación de unos pocos
agentes clave ha evolucionado con el tiempo. Lo que tenemos ahora es
una red internacional de control, con puestos dentro de los partidos
políticos, los gobiernos y sus agencias, medios de comunicación,
consejos de administración, servicios de inteligencia y militares.
En
el centro de la red están las dinastías de los bancos centrales
-los dioses del dinero- que permanecen entre bastidores, pero tiran
de los hilos del poder real.
La
ingeniería de la información
En
política nada sucede por accidente. Si así fuera, es que fue
planeado de esa manera. Franklin D. Roosevelt (1882-1945), 32º
presidente de Estados Unidos.
¿Has
soñado alguna vez con lo que harías si tuvieras riquezas y poder?
Para algunos, la respuesta podría ser una vida de ocio e
indulgencia; pero muchos imaginarían poder cambiar el mundo,
convertirlo en mundo “mejor”. Un ejemplo emblemático es Bill
Gates, quien asegura utilizar la mayor parte de su fortuna en cambiar
el mundo (¡sobre todo, en lo que significa reducir la población!),
y para ello se dedica a acumular más y más dinero. Los dioses del
dinero son así.
Por
generaciones han tenido riqueza y poder en exceso, al contrario que
tú y yo, para los que es sólo un sueño. El negocio en que han
invertido en el último par de siglos no ha sido para acumular más
riquezas, sino en el de transformar el mundo en una especie de feudo
privado. Han estado trabajando en eso a través de proyectos de
transformación a escala global. Es lo que se conoce como “El Nuevo
Orden Mundial”, el último de sus proyectos.
El
gran proyecto de EEUU: La base de operaciones ideal
Cuando
las colonias americanas lograron independizarse de Gran Bretaña, se
creó una nueva que claramente tenía el potencial de convertirse en
una verdadera gran potencia mundial. Un continente enorme, más
grande que toda Europa y con inmensos recursos, estuvo listo para ser
conquistado y explotado. Si los Rothschild se hacían con el control
de América, entonces la utilizarían como base de operaciones para
la consolidación de su poder a nivel mundial.
Durante
la década de 1800, EEUU creció hasta convertirse en una formidable
potencia industrial. Asociados este ascenso al poder están apellidos
como Carnegie, Mellon, JP Morgan y Rockefeller, quienes llegaron a
ser conocido como los “barones ladrones”. Sin embargo, fue el
dinero Rothschild y los bancos vinculados a él los principales
financistas de ese proyecto de industrialización. Los Rothschild, de
esa manera, preparaban cuidadosamente su futura base de operaciones.
No
obstante, el mayor de los barones ladrones fue JD Rockefeller, quien
consiguió congeniarse con los dioses del templo del dinero -los
Rothschild- en términos más o menos de igual a igual.
Ya
con EEUU establecido como una gran potencia industrial, el siguiente
paso de los dioses era tomar control del dinero que generaba el
gigante que ayudaron a crear. Esto se logró, como se dijo
anteriormente, con las habituales manipulaciones de la escena a
través de la creación de la Reserva Federal en 1913.
El
proyecto “Primera Guerra Mundial”
El
paso siguiente fue a jugar al “unos contra otros” con las
potencias europeas. Con el respaldo de los Rothschild, como describe
en el libro The Hidden History (La Historia Oculta), un grupo secreto
de las élites británicas diseñó la “Gran Guerra” con
Alemania, cuya potencia industrial y financiera estaba empezando con
eclipsar al Imperio británico. La intención de la cábala era
preservar la supremacía británica. Sin embargo los dioses del
dinero jugaban a un escenario más profundo: Alemania perdió la
guerra, pero fue EEUU quien surgió como el principal beneficiario,
no Gran Bretaña.
Mientras
que las potencias europeas se agotaban con la guerra, EEUU
suministraba los medios para hacerlo, y esos suministros fueron
posibles gracias a la nueva Reserva Federal, que había sido
establecida justo a tiempo para ese propósito.
Al
concluir la guerra, las potencias europeas adeudan sumas astronómicas
a EEUU mientras que aumentaba en gran medida su capacidad industrial
en el proceso de suministro de material de guerra.
Antes
de la guerra, EEUU, Gran Bretaña y Alemania estaban más o menos a
la par como potencias industriales. Con una participación militar
insignificante, EEUU salió de la guerra como la mayor potencia
industrial y la nación más rica del mundo. Pero EEUU todavía era
una potencia más entre muchas. No tenía una flota de clase mundial
ni tenía un ejército de clase mundial.
Los
experimentos del fascismo y el comunismo
El
Gran Proyecto de los dioses del dinero siempre ha sido, como se
mencionó anteriormente, transformar el mundo en su feudo privado.
Con su proyecto La Gran América estaban construyendo la base del
poder geopolítico necesario para lograr ese objetivo. Pero quedaba
la cuestión de cómo iban a gobernar su feudo, una vez que lo
hubieran logrado.
Necesitaban
tener el control absoluto sobre la población, y experimentar con
diferentes modalidades de ejercicio de dicho control.
Vieron
su primera oportunidad en las ideas revolucionarias de Karl Marx,
Friedrich Engels, León Trotsky, y Vladimir Lenin. El régimen
zarista en Rusia se estaba debilitando y se había visto obligado,
por la Revolución de 1905, a poner en práctica reformas
significativas. Debilitado aún más por las derrotas a principios de
la Primera Guerra Mundial, una segunda revolución comunista tenía
todas las probabilidades de éxito. Existía el peligro, sin embargo,
de que una segunda revolución llevara a una forma democracia
socialista, la cual no era el tipo de régimen de los dioses del
dinero querían para su feudo.
Entonces
vieron en Lenin y Trotsky los líderes con ideas autocráticas que
convenía a sus propósitos. Organizaron que Lenin fuera deportado de
Suiza y a Trotsky desde Nueva York -ambos hacia San Petersburgo-
donde crearon la facción bolchevique y tomaron el control de las
secuelas revolucionarias.
Los
dioses del dinero financiaron entonces el desarrollo de la Unión
Soviética, iniciando así un experimento con un régimen autocrático
basado en los valores colectivistas.
Luego
los dioses del dinero vieron su segunda oportunidad de experimentar
en las ideas del carismático Adolf Hitler. Cuando Hitler fue
arrestado por liderar el Festival de la Cerveza de Múnich en 1923,
organizaron para que se le proporcionara una existencia cómoda en la
cárcel, durante la cual desarrolló las ideas en su obra magna, Mein
Kampf (Mi Lucha), que proponía en un manifiesto, entre otras cosas,
luchar por “un espacio vital” (liebensraum) y esclavizar a los
eslavos. Las ideas de Hitler se centraban en el nacionalismo, el
expansionismo, la eugenesia, el genocidio y los métodos brutales de
control de la población.
Si
Hitler llegara al poder en Alemania, proporcionaría una oportunidad
única para experimentar con un tipo muy diferente de régimen
autocrático. Además, debido a sus ideas expansionistas y su odio
por el comunismo, ello proporcionaría los medios necesarios para
llevar a cabo otro proyecto en la transformación de la geopolítica:
una segunda Gran Guerra. Hitler también era atractivo para las
élites alemanas, que vieron en él una oportunidad para restaurar
Alemania como gran potencia.
El
resto, como dicen, es historia. Fabricado el colapso económico de la
República de Weimar (antiguo estado del Kaiser Guillermo), Hitler
fue ayudado a llegar al poder en Alemania. Sin embargo no fue
cualquier peón, y gran parte de su odio se volcó contra los judíos
-como los Rothschilds- y contra su dinero. Ese odio no le restó
valor al experimento nazi de los dioses del dinero.
El
Proyecto de la Segunda Guerra Mundial
Si
vemos que Alemania está ganando debemos ayudar a Rusia, y si Rusia
está ganando debemos ayudar a Alemania, y que muera el mayor número
posible. Harry S. Truman (1884-1972), 33º presidente de Estados
Unidos, New York Times, 24 de junio 1941.
El
siguiente paso en ese proyecto de La Gran América era poner a jugar
a las grandes potencias del viejo mundo al “todos l contra todos”,
pero en una escala mayor a la primera guerra mundial.
Esta
vez, sin embargo, EEUU desempeñaría un papel militar importante, de
modo que pudiera surgir de la guerra no sólo como una gran potencia,
sino como la única superpotencia del planeta; realmente un papel
militar importante pero altamente “apalancado”, donde EEUU sufrió
bajas insignificantes en comparación con las pérdidas astronómicas
de la mayoría de los combatientes involucrados.
Desde
su segura de operaciones en el continente americano, los dioses del
dinero organizaron el rearme de Alemania (ver Prescott Bush) y el
rápido ascenso de Japón como moderna potencia industrial y militar;
sin dejar de apoyar el desarrollo de la Unión Soviética. De esta
manera, como se suele decir, mataban varios pájaros de un solo tiro.
EEUU
entonces fingió una neutralidad benévola y observaron cómo Japón
se enfrentaba a China y a Alemania combatir contra la Unión
Soviética.
EEUU
esperó el momento más oportuno para unirse a la refriega; y cuando
llegó el momento, provocaron sistemáticamente a Japón y no hizo
ningún intento de defenderse contra el ataque a Pearl Harbor, ya que
Roosevelt sabía la hora exacta del ataque. El pueblo estadounidense
estaba fuertemente en contra de la guerra, y el episodio de Pearl
Harbor, -como estaba previsto- transformó al instante a la opinión
pública; permitiendo a EEUU participar en la guerra con el apoyo
abrumador de su gente. Un “día de infamia”, pero con la
participación tanto de Roosevelt como de Japón.
Una
vez más, lo demás es historia. Al final de la guerra, EEUU tenía
el 40% de la riqueza del mundo y de la capacidad industrial, el
dominio de los siete mares, bases militares permanentes en todo el
mundo, y el monopolio de las armas nucleares. Según lo previsto, los
escombros que quedaron de las alguna vez grandes potencias, se
ahogaban en una descomunal deuda. Con EEUU establecido como la única
potencia mundial, los dioses del dinero se propusieron crear un orden
de posguerra dominado desde su base de operaciones: Estados Unidos.
El
régimen de posguerra: El establecimiento del Estado Global
En
1944, se celebró en Bretton Woods una conferencia internacional, en
la cual se establecieron nuevas instituciones globalistas, incluidas
las Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el
Banco Mundial; de acuerdo con un diseño que se había trabajado
durante la guerra de los dioses del dinero en el Consejo de
Relaciones Exteriores.
Bajo
el pretexto de establecer un régimen de paz y estabilidad en el
mundo, EEUU organizó que las otras potencias occidentales fueran
“castradas” militarmente; permitiendo a EEUU mantener y expandir
su poderío militar.
Considerando
que el experimento nazi fue terminado por la guerra, la Unión
Soviética sobrevivió como gran potencia. Como principal aliado de
Estados Unidos en la segunda guerra mundial, y a la luz de las
intenciones armoniosas profesadas en la reunión de Bretton Woods,
los soviéticos estaban ansiosos de una coexistencia pacífica con
Occidente, a pesar de sus considerables diferencias ideológicas.
Pero eso no encajaba en los planes de los dioses del dinero en su
conformación su Gran Proyecto de dominación global.
EEUU
y Gran Bretaña, sometidos ambos al control de los dioses del dinero,
inventaron el mito de la “amenaza comunista” y proclamaron la
Guerra Fría, la cual sirvió para varios propósitos. En primer
lugar, fue acompañada por una política de contención que tuvo por
objeto evitar que los soviéticos, y sus primos ideológicos chinos,
participaran en el auge económico de la posguerra, como también en
las naciones bajo su protección, como Corea y Vietnam, que habían
decidido una vía de gobierno socialista. En segundo lugar, la Guerra
Fría sirvió de excusa a EEUU para continuar la expansión de su
poderío militar y sus programas intervencionistas.
El
proyecto global imperialista
Con
EEUU como un súper poder sin límites, se impuso un régimen de paz
dentro de lo que eufemísticamente se llamó el “mundo libre”.
Sin necesidad de invertir en la defensa de sus naciones -ya que EEUU
se encargaba ahora de ello- las antiguas grandes potencias europeas
participaron junto con Estados Unidos en un gran programa de
neo-imperialismo; que los condujo a la mayor época de crecimiento
económico que el mundo haya visto.
El
crecimiento se hizo la norma esperada; cualquier falta de crecimiento
se considera una aberración. La expectativa de crecimiento se
convirtió entonces en una parte estructural de las economías
nacionales, lo que llevó a la financiación del déficit interno, el
endeudamiento del gobierno y el aumento de las deudas nacionales
contraídas con los bancos centrales. No había plan B: si el
crecimiento flaqueaba -un temible episodio de recesión- el único
recurso era pedir prestado aún más, y asi la economía continuaba
funcionando.
El
boom de crecimiento de posguerra condujo a una prosperidad sin
precedentes en todo Occidente, lo mismo que en Japón, que
considerado parte del pastel. Además, se introdujeron amplios
programas de reforma social, tales como el Servicio Nacional de Salud
del Reino Unido, e incluso de mayor alcance como la organización del
estado de bienestar de Europa Occidental.
En
parte debido a la disolución de los imperios tradicionales, y en
parte debido a las medidas de la reforma social, existe la convicción
en el mundo de la posguerra de que los valores democráticos fueron
en aumento y que los gobiernos eran más sensibles a las necesidades
y deseos de la gente.
Los
valores de la Ilustración de libertad personal y los derechos de los
ciudadanos fueron consagrados en la Declaración Universal de los
Derechos Humanos de la ONU. Parecía que había llegado una nueva
edad de oro de la democracia que procuraba la constante mejora de las
condiciones sociales.
La
estabilidad económica, junto al crecimiento económico perpetuo,
junto con la paz garantizada por un benevolente Tío Sam era un sueño
cumplido. Con su régimen de posguerra, los dioses del dinero había
conducido al “mundo libre” hacia una burbuja de la dependencia.
La
Carta de la ONU garantiza el principio de la soberanía nacional, y
nadie (a excepción del ex presidente de Francia Charles de Gaulle)
pareció darse cuenta de que cuando alguien más garantiza tu
soberanía, es que ya no tienes soberanía.
El
crecimiento se convirtió en el nuevo opio del pueblo, y nadie
pareció darse cuenta de que el crecimiento eterno en un planeta
finito es una imposibilidad matemática. Con la mayor parte del mundo
voluntariamente atado a la correa de la dependencia del liderazgo
estadounidense, y con EEUU firmemente bajo el pulgar de la Reserva
Federal, los dioses del dinero ahora podrían pasar a conducir al
mundo por el camino del Edén hacia la subyugación total.
La
desestabilización global y el proyecto Nixon del patrón oro
Por
casi 30 años, desde 1944 hasta 1971, el sistema de Bretton Woods
funcionó más o menos como se planificó. El dólar estaba vinculado
al oro, con otras monedas vinculadas al dólar, y proporciona la
estabilidad financiera prometida. El crecimiento siguió
proporcionando la prosperidad esperada y el aumento de los niveles de
vida.
Sin
embargo, con EEUU envuelto en una guerra costosa e imposible de ganar
en Vietnam, la economía estadounidense comenzó a fallar.
En
1971, con el fin de continuar financiando la guerra, Nixon sacó el
dólar del patrón oro. El proyecto de la Guerra Fría había
brindado la oportunidad de abandonar el proyecto de estabilidad. Los
valores de la moneda ahora podrían fluctuar, lo que permitió la
especulación monetaria y la introducción de la incertidumbre en la
valoración de las transacciones internacionales.
Sin
gran daño al principio, el pilar central de la estabilidad
financiera había sido retirado. Hoy en día, sólo un pequeño
porcentaje de las transacciones en divisas tiene que ver con la
economía real, y el resto con la especulación desenfrenada y
desestabilizadora.
En
1980 los dioses del dinero impulsaron su proyecto de
desestabilización a una escala mayor. Lograron que sus agentes,
Ronald Reagan y Margaret Thatcher, tomaran el liderazgo en EEUU y el
Reino Unido, y se puso en marcha una campaña de propaganda en los
medios de comunicación, para reintroducir la doctrina largamente
desacreditada de la economía del laissez-faire (dejar hacer) que
había creado las terribles condiciones narradas por Charles Dickens
sobre la época victoriana.
Sobre
la base de un análisis económico fraudulento promulgado por la
Escuela Economía de Chicago, a cargo de Milton Friedman, se afirmó
que la reducción de impuestos y regulaciones a empresas corporativas
daría lugar a una economía más fuerte cuyos beneficios irían a
parar a todos, incluyendo incluso a los presupuestos gubernamentales
El
carismático Ronald Reagan habló de “sacar al gobierno de nuestras
espaldas”, y proclamó que “el gobierno no era la solución sino
es el problema”.
Hay,
por supuesto, mucho de verdad en esas palabras, pero el aumento de
poder de las corporaciones a expensas del gobierno no era en absoluto
un camino a la prosperidad, ni a la libertad personal.
Alguien
se preguntará cómo de una carrera como actor de cine y televisión,
este personaje saltó a la presidencia; pero el misterio se desvanece
cuando nos damos cuenta de que el principal trabajo de un presidente
de EEUU es mentir convincentemente a un público crédulo, en apoyo a
los programas de los dioses del dinero.
Junto
con la reducción de impuestos y regulaciones corporativas, las
nuevas políticas económicas promovieron que los inversionistas
trasladaran sus operaciones a países con bajos salarios, lo que
llevó a la desindustrialización de EEUU y Gran Bretaña. El sistema
de Bretton Woods se fue socavado sistemáticamente; así lo demuestra
la disminución de la estabilidad y la prosperidad.
El
proyecto de la Unión Europea
Los
pueblos de Europa Occidental, que han experimentado los estragos del
fascismo y la guerra, eran menos vulnerables a la clase de propaganda
fácil de que tuvo tanto éxito con las poblaciones más protegidos
de Gran Bretaña y Estados Unidos. Fue necesaria entonces una campaña
más matizada para desestabilizar a la Europa continental.
La
campaña de propaganda para vender el Tratado de Maastricht no habló
de “descargar el gobierno de nuestras espaldas”, que no ha dado
buenos resultados en esas economías; en las cuales el estado de
bienestar era a la vez popular y exitoso.
En
su lugar, se argumentó que una Unión Europea pondría a Europa a la
par del poderoso EEUU, e incluso se argumentó que dicha unión era
necesaria para evitar futuras guerras entre potencias. En realidad,
la UE colocó a Europa directamente en las manos de los dioses del
dinero.
A
diferencia de las propias naciones europeas, que se rigen por
parlamentos y primeros ministros elegidos, el régimen de Bruselas
domina la Comisión Europea, y los dioses del dinero pueden arreglar
fácilmente que sus agentes seleccionados sean convenientemente
atendidos.
El
núcleo de la campaña de propaganda a favor de la UE estuvo lleno de
promesas acerca de «subsidiariedad» -las decisiones serían
supuestamente tomadas en función de las necesidades de todos- por lo
que la soberanía no estaba en riesgo, ya que Bruselas tomará
decisiones sólo en cuestiones que afectan a la UE en su conjunto.
Una vez que se estableció la Unión Europea, sin embargo, el término
subsidiariedad cayó en desuso, y con el tiempo más y más poder ha
sido desplazado de los gobiernos nacionales a Bruselas.
Hoy
en día, todos los aspectos de la vida en la UE se ven afectados por
regulaciones ilegibles. El último clavo en el ataúd de la soberanía
nacional de Europa y su estabilidad financiera, llegó con la
adopción del euro en 1999. Sin la capacidad de controlar sus propias
monedas, las naciones no tienen control real sobre su viabilidad
financiera.
Hoy
la locura de una moneda común, entre las naciones con muy diferentes
circunstancias económicas, está bien encubierta por la prensa
financiera. Pero la verdad de esta locura estuvo allí desde el
principio, y los dioses del dinero eran muy conscientes de ello.
El
proyecto neoliberal y la globalización de la pobreza
En
1994, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) fue
firmado por los EEUU, Canadá y México. Este tratado socava las
economías y la soberanía de los tres países. Bajo el disfraz de
“libre comercio”, realmente representa el empoderamiento de las
corporaciones a expensas de las naciones – es lo que se conoce como
la revolución Reagan-Thatcher de los esteroides.
Bajo
tales tratados las corporaciones tienen el derecho de demandar a los
gobiernos si las regulaciones socavan los beneficios empresariales.
La seguridad del consumidor, la protección del medio ambiente y los
derechos de los trabajadores son de poco interés para el proceso
controlado por las corporaciones afiliadas a la Organización Mundial
del Comercio (OMC) que decide sobre ellas.
Desde
entonces, una serie de tratados similares de “zona de libre
comercio” se han llevado a cabo con la participación de varias
combinaciones de naciones. El proyecto neoliberal puso a toda marcha
en 1995, la creación de la Organización Mundial del Comercio, en
sustitución del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio
(GATT).
La
OMC lanzó rápidamente una campaña sistemática para incrementar el
poder de las empresas, por medio de tratados de “libre comercio”
que son obligatorios para todos los miembros de la OMC, incluyendo
por supuesto la UE.
El
efecto general del proyecto neoliberal ha sido los niveles de vida
más bajos, la entrega de la soberanía nacional, desestabilización
de las finanzas y, en general, la destrucción de todo para lo que el
sistema de Bretton Woods fue diseñado.
En
el llamado “tercer mundo”, sobre todo en el África subsahariana,
los estragos causados por el proyecto neoliberal se han ampliado aún
más por las acciones del FMI y por otros medios -según lo
documentado por John Perkins en “Confesiones de un Esbirro
Financiero” (Confessions of an Economic Hitman).
Se
alienta -o se fuerza- a los gobiernos a asumir deudas sobre las
cuales no tienen capacidad de pago. Cuando los gobiernos entonces
recurren al FMI para aliviar el peso que los empréstitos representan
sobre los pueblos, se otorgan préstamos adicionales en condiciones
draconianas.
En
consecuencia los gobiernos están obligados a recortar los servicios
sociales y a vender a las corporaciones sus activos nacionales -tales
como los derechos de agua- a precios de ganga. Se convierte en
ilegal, para darle un nombre a lo que significa “draconianas”,
que las personas se surtan del agua de lluvia, ya que se considera un
robo a las corporaciones que han comprado los derechos de agua de la
nación.
Por
este medio se ha creado pobreza de forma sistemática donde el FMI ha
logrado clavar en sus garras.
La
desestabilización de la moral: La guerra contra el terrorismo
El
11 de septiembre de 2001, los dioses del dinero dispusieron la
demolición controlada de las Torres Gemelas, y que recayera la en
culpa la organización terrorista Al-Qaeda , haciéndolo ver como una
conspiración contra “nuestras libertades”. De hecho nuestras
libertades han sido destruidas -no por Al Qaeda, sino por los dioses
del dinero.
Imitando
una lección aprendida de los nazis, la demolición del World Trade
Center en Nueva York fue una repetición del incendio del Reichstag,
que también fue una acción de “bandera falsa” culpando de ello
a una “conspiración comunista”. Y tal como el incendio del
Reichstag fue seguido por una Ley Habilitante de los nazis, el
atentado del 11-S fue seguido por la Ley Patriota.
Ambas
leyes destruyeron todas las garantías constitucionales que amparan
las libertades civiles; lo que en ambos casos condujo a la creación
de campos de concentración, a la legitimación de la tortura, a la
detención indefinida sin recurso legal y al establecimiento de
regímenes de corte fascista que no rinden cuentas.
En
parte debido al impacto psicológico del 11-S, y en parte debido a la
influencia oculta de los dioses del dinero, a eventos de bandera
falsa adicionales (por ejemplo, los atentados de Londres) es que los
gobiernos de todo el mundo han puesto en marcha legislaciones
antiterroristas que atentan gravemente contra las libertades civiles
que durante mucho tiempo fueron libertades civiles. Esta ‘guerra
contra el terror’ también se convirtió en a excusa perfecta para
el intervencionismo militar.
Además,
hemos visto el surgimiento de las intervenciones “humanitarias”
con la fabricación de excusas tales como “armas de destrucción
masiva” que no existen. Dichas excusas habilitaron las guerras
contra Irak y Afganistán.
Otra
táctica intervencionista, que se utilizó por ejemplo en Kosovo y
Libia, ha sido el reclutamiento de terroristas mercenarios para
representar el papel de “luchadores por la libertad nacional”.
Esto proporciona un pretexto para intervenciones “humanitarias”.
En
el caso de Siria, los terroristas mercenarios han sido los
principales medios de desestabilización. Cuesta hoy mantenerse al
día con todas intervenciones. En África, EEUU han creado AFRICOM,
un comando militar establecido para facilitar intervenciones y
desestabilización de toda África.
Se
puede identificar las razones geopolíticas y económicas de estas
diversas intervenciones, como el control de los recursos energéticos
y minerales. Sin embargo, desde una perspectiva general, el efecto ha
sido el de socavar el principio de la soberanía nacional; como
también para crear un gran número de “estados fallidos”.
Transformando
la economía: La demolición controlada del capitalismo
Como
se mencionó anteriormente, el crecimiento económico no puede ser
permanente en un planeta finito. Es evidente que la dicotomía
capitalismo/crecimiento llegará a su fin tarde o temprano. Con base
en estos hechos, muchos analistas han predicho el colapso de la
civilización. Algunos incluso ven esto como algo bueno, una
oportunidad para construir desde cero una nueva sociedad.
Estos
analistas o bien no entienden el grado en que está centralizado el
poder actualmente, o asumen que los que tienen el poder son ciegos y
estúpidos; algo que los dioses del dinero están remotamente de
serlo.
En
realidad han estado planeando el sucesor del paradigma de crecimiento
desde la creación del Club de Roma en 1968, si no antes. En lugar de
dejar que el colapso del capitalismo se venga por sí solo, han
dispuesto un colapso controlado, y así forjar un resultado que les
convenga.
El
colapso financiero de 2008 no sucedió por accidente; fue un proyecto
diseñado por los dioses del dinero. No habrá recuperación luego de
un colapso, esa no es la intención. En lugar de una economía basada
en la actividad del mercado, vamos a tener una economía de micro
gestiones a nivel mundial; como lo presagia el amplio despliegue de
contadores estrella. Las lecciones aprendidas en el experimento
soviético van a aplicarse a nivel mundial.
El
fundamento del proyecto “colapso de 2008″ fue el establecimiento
de la regla “mercado mata mercado”, también conocida como
Basilea II. Esta fue decretad por la Banca Internacional de Pagos
(BPI, por sus siglas en inglés), que es el banco central de todos
los bancos centrales, con sede en Basilea, Suiza. Esta norma obliga a
los bancos a valorar sus activos de acuerdo con lo que se podrían
vender de inmediato en los mercados.
Esto
significa que una caída temporal en la valoración de algún activo
disminuye el valor de todos los activos relacionados. De poco interés
en mercados en alza, puede hacer insolvente a un banco ante cualquier
tipo de crisis grave. Los mercados fluctúan, y los bancos
rutinariamente dependen de la fluctuación de sus inversiones.
La
regla mercado=mata=mercado significa que cualquier golpe a favos
pueda convertirse más adelante en un descarrilamiento de sus
finanzas: una bomba de tiempo colocada en el sistema financiero
mundial.
Con
esta bomba, el escenario está listo para el proyecto de demolición.
El primer paso, organizado por los agentes de Wall Street de los
dioses del dinero, ha sido la derogación de la Ley Glass-Steagall en
EEUU. Ello dio a Wall Street la libertad que necesitaba para
continuar con el resto del proyecto.
A
continuación, las líneas de crédito a nivel mundial se abrieron
para la otorgación de todo tipo de préstamos que nunca podrán ser
reembolsados, especialmente en el mercado inmobiliario de Estados
Unidos. Esas hipotecas “sucias” se agruparon en derivados, ya
través de un seguro ficticio obtuvieron una calificación triple A.
Estos derivados tóxicos fueron comercializados agresivamente en los
mercados globales.
Se
había creado burbuja inmobiliaria; los derivados tóxicos
diversificaron el riesgo en todo el sistema bancario, y la bomba de
tiempo aseguró que cuando la burbuja estallara el sistema bancario
quedaría insolvente. En 2008, la burbuja reventó, e inmediatamente
aparecieron las insolvencias previstas. Pero eso no fue lo peor de
todo.
Cuando
un banco, o cualquier negocio, se declara insolvente, lo más sensato
es poner el negocio en suspensión de pagos y convenir la disposición
ordenada de sus activos y pasivos. En este caso, los amos del dinero
lograron que el gobierno asumiera sus pérdidas, dejando por fuera a
las deudores hipotecarios.
Para
evitar que los bancos se fueran a la quiebra, los gobiernos aplicaron
el rescate de las deudas de sus propietarios. Entonces los dioses del
dinero enviaron a sus agentes (troikas) y tomaron el control de los
presupuestos nacionales. Así se decretó un régimen de austeridad,
argumentando que no puede haber recuperación económica sin una
venta masiva de los activos nacionales comenzó – a precios de
ganga.
Países
como Francia y Alemania han sobrevivido el asalto inicial; pero a
medida que la economía mundial sigue deteriorándose finalmente se
tiró caerán en la trampa y la zona euro, serán verá sumida en más
y más deuda. EEUU ya está asumiendo parte de los rescates, por
razones de su extensión militar.
En
todo Occidente se está creando el siguiente escenario: en lugar de
naciones soberanas que operan de acuerdo con las fuerzas del mercado,
tendremos naciones que son propiedad de los dioses del dinero, que
operan sobre la base de los presupuestos asignados por los bancos
centrales.
La
meta del gobierno central ha sido lograda en la práctica a partir de
la deuda, y se ha logrado también el régimen de micro-gestión
económica, como ya lo ha hecho en las economías más débiles.
El
juego final: La desamericanización y el empoderamiento de la ONU
La
crisis del Golfo Pérsico es una rara oportunidad para forjar nuevos
lazos con viejos enemigos (la Unión Soviética) … Al culminar
estos tiempos difíciles surgirá un Nuevo Orden Mundial a la luz de
unas Naciones Unidas que actúe según lo previsto por sus
fundadores. Presidente
de Estados Unidos, George Bush padre, durante su discurso sobre el
Estado de la Unión, 29 de enero 1991.
En
el contexto de múltiples intervenciones, guerras, ataques aéreos,
etc., a las que EEUU, por lo general con la ayuda del Reino Unido, se
dedica habitualmente -con poca o ninguna preocupación por el derecho
internacional, la opinión pública, o las consecuencias para la
población civil- es muy sorprendente que el primer ministro del
Reino Unido, David Cameron, y luego el presidente estadounidense
Barack Obama abandonaran su promesa de responder a “línea roja”
de Obama sobre el presunto uso de Siria de armas químicas, al
remitir el asunto al Parlamento y al Congreso, donde los votos en
contra estaban asegurados.
No
todo el mundo reconoció de inmediato el trascendental cambio que
nacía con este retroceso, pero pronto la magnitud del cambio se hizo
evidente para todos en el transcurso de los eventos.
El
primer suceso notable fue el repentino prestigio diplomático del
presidente ruso, Vladimir Putin. Rápidamente fue eclipsado por el
anuncio de Washington e Irán a participar en lo que parecía ser
prometedoras negociaciones cara a cara sobre la cuestión nuclear,
para disgusto extremo del primer ministro israelí, Benjamín
Netanyahu, que hasta ese momento parecía ser la cola del perro
estadounidense que mueve en Oriente Medio.
Tales
cambios trascendentales a escala global no ocurren por accidente,
como hemos visto en nuestro rápido repaso de dos siglos de historia.
Estos eventos deben ser interpretados en el contexto de la agenda de
los dioses del dinero, y en particular con su Gran Proyecto para
transformar el mundo en su propio feudo privado. Han hecho borrón y
cuenta nueva desestabilizando el mundo de muchas maneras como las
descritas anteriormente, y ya han comenzado la micro-gestión de los
presupuestos nacionales. Ahora,
al parecer, ha llegado el momento de seguir adelante con la
instalación formal de su Nuevo Orden Mundial; no por la fuerza, sino
por aclamación popular.
El
repentino surgimiento de Putin como líder mundial
Ha
habido una lucha desde hace algún tiempo entre EEUU, por una parte,
y Rusia, China y las naciones del BRICS, por la otra, en cuanto a la
voluntad de este último bloque de conformar un mundo multipolar, en
lugar de un mundo unipolar dominado por el primero. La persistencia
del dólar como moneda de reserva, y el excepcionalismo
estadounidense en general, han sido motivos de grave preocupación, y
siempre EEUU ha vigilado celosamente lo que considera sus legítimas
prerrogativas.
En
los casos de Siria e Irán, por ejemplo, han sido ignorados los
llamamientos a la cordura formulados por Putin y otros líderes, y
respondieron con la arrogancia estadounidense tradicional. De
repente, todo eso ha cambiado. Putin, en particular, ha sido elevado
a la condición de líder mundial respetado, y hasta hace poco habría
sido inconcebible que EEUU dejara que Rusia se encargara de
desmantelar las armas químicas de Siria. Putin no ha cambiado su
tono o su estilo; está diciendo las mismas cosas que siempre ha
estado diciendo. Lo que ha cambiado es que no está siendo rechazado
directamente por Washington. Y los medios de comunicación globales,
controlados -por supuesto- por los dioses del dinero, le otorgan un
protagonismo en términos casi heroicos. El multipolarismo se ha
convertido en una realidad de un día para otro. (*)
La
desamericanización
El
intervencionismo estadounidense, y la indignación contra él, no es
por supuesto algo nuevo. Pero, sobre todo desde el 11-S, tales
episodios se han vuelto más y más peligrosos. Con amenazas de
guerra contra Irán, un giro hacia el Este dirigido contra China y
otros movimientos recientes, parecía que estábamos al borde hacia
una situación que podría incluso provocar una confrontación
nuclear, en toda regla, a escala global, en cumplimiento del
‘Proyecto para un Nuevo siglo Americano’.
El
mundo, como hemos estado viendo en los informes de los medios de
comunicación desde el retroceso “línea roja”, está más que
preparado para abrazar una desamericanización. El liderazgo
estadounidense, muy bien acogido después de la Segunda Guerra
Mundial, está pasando de largo en muchos países (sobre todo en
desarrollo).
Casi
se puede oír un suspiro de alivio al leer las palabras optimistas de
los expertos. ¿Y quién no podría sentir alivio ante el giro de los
acontecimientos que hemos visto desde que Washington, que ya no
parecía estar soliviantando a todos? Si no, fíjense que cuando
Obama habla oímos la retórica de un político; pero cuando lo hace
Putin, escuchamos las palabras razonadas de un estadista sagaz.
El
empoderamiento de las Naciones Unidas
La
maternidad [debería ser] un crimen punible por la sociedad, a menos
que los padres tengan licencia de los gobiernos … Todos los padres
potenciales [deben] utilizar químicos anticonceptivos, y los
gobiernos suministrar antídotos a los ciudadanos elegidos para
procrear. David Brower, primer director ejecutivo del Sierra Club.
No
hace falta mucha imaginación para ver hacia dónde nos dirigen los
acontecimientos. La diplomacia está tomando el escenario, y se
escuchan nuevas voces en el discurso de la “comunidad
internacional”. Las expectativas están aumentando las tensiones de
larga data y las crisis latente puede finalmente resolverse.
En
la medida que comiencen a verse resultados reales, como pudiera
ocurrir cuando se resuelva la crisis de Irán o cuando los medios de
comunicación comiencen a decir las cosas correctas, surgirá lo que
equivale a una protesta pública para llevar a este cambio hacia
adelante, para asegurarse de que la razón y la diplomacia sea la
norma en las relaciones internacionales.
Librados
de la crisis creada por el excepcionalismo estadounidense, nos será
“vendida” una “solución” –aparentemente metiendo en
cintura en a las Naciones Unidas (ONU). Gritarán no más vetos
estadounidenses en desafío del sentimiento mundial. No más
aventurerismo militar americano (o israelí).
Dejemos
que la ONU haga el trabajo para el que fue diseñado, vamos a
proporcionar un foro donde los temas realmente se puedan resolver
sobre el terreno, que tenga la capacidad de llevar a cabo las
decisiones resultantes. La ‘reformada’ ONU no será un gobierno
mundial, pero los tipos de poderes otorgados por las “reformas”
serán la misma cosa. La palabra subsidiariedad puede emerger de
nuevo, si es necesario, para silenciar las voces disidentes.
Es
importante notar estos últimos avances y los cambios están dando en
el ámbito de la geopolítica. En este impulso hacia un gobierno
centralizado se está centrando toda la atención en cuestiones de
guerra y paz. Todo el mundo, presumiblemente, quiere la paz y la
estabilidad entre las naciones. Se nos está ofreciendo un caballo de
madera atractiva llamada paz, pero no se nos muestra lo que hay
dentro del caballo. Tenga cuidado con las élites, que traen regalos.
De
hecho conocemos algunas cosas que lleva el caballo, pero sólo hay
espacio aquí para uno o dos ejemplos. La Agenda 21 es una de las
piezas más aterradores que carga el caballo. Este programa comienza
con legítimas preocupaciones en materia de sostenibilidad, y los
transforma en un monstruo verde que tiene como objetivo la
micro-gestión de cada aspecto de nuestras vidas, en una medida que
hace que el antiguo régimen soviético parezca casi como una libre
empresa.
Cualquiera
que no esté familiarizado con el Programa 21 le haría bien hacer
una investigación. En el ámbito de las relaciones internacionales
hay algunos indicadores alarmantes, en particular con respecto a los
ataques con drones. Uno esperaría que esas máquinas diabólicas
queden prohibidas a medida que avanzamos hacia un mundo más
armonioso. Pero no será así, ya que la ONU está considerando la
cuestión drone, y quiere establecer algún tipo de sistema de
clasificación para distinguir a los buenos de los malos.
Lo
que nos trae a la cuestión del “terrorismo”. Como ya he
relatado, y la evidencia es realmente decisiva, gran parte de lo que
se llama “terrorismo” son en realidad operaciones de bandera
falsa, perpetrados por mercenarios que trabajan para agencias de
inteligencia occidentales, en la búsqueda de alguna
desestabilización o algún proyecto de cambio de régimen. Si la
pretensión es hacer creer (en un mundo basado en la diplomacia) que
todo este “terrorismo” es real y que para combatirlo las
libertades civiles deben ser sacrificadas, entonces nuestro caballo
de madera no es tan atractivo como podría parecer a primera vista.
Hay
dos cosas que sí podemos estar seguros van a venir con nuestro
caballo de madera. En primer lugar, la ONU terminará con la
micro-gestión de la sociedad por medio de las burocracias que no
rinden cuentas, como el FMI, el IPCC, la OMS, etc. En segundo lugar,
con tantos de nuestros sistemas tradicionales desestabilizados
intencionadamente, podemos esperar que la “solución” se nos
venderá como un “atractivo” y novedoso paradigma cultural y
económico.
(*)
Este tratamiento ha sido temporal, ya que EEUU no desea compartir su
protagonismo con Rusia. Para ello se embarcó en la desestabilización
de la ex joya de la era soviética, Ucrania; con lo cual ha
enfrentado a Putin con apoyo de su tentáculo armado -la OTAN- y la
anuencia casi servil de los gobiernos de las naciones europeas,
golpeados por la tremenda crisis sistémica. En todo caso, este
conflicto pudiera ser una maniobra que distraiga a la opinión
pública de las verdaderas intenciones de las élites de poder.